5 de mayo de 2005

Espada de Damocles

En los últimos años se está produciendo, a cuenta del intercambio de archivos en redes P2P, una persecución mediática (campaña de criminalización apoyada por una mayoría de medios) y legal por parte de la industria discográfica y del cine hacia aquellos usuarios que, según ellos, vulneran la legalidad.

Sin embargo algunas de las empresas implicadas están jugando a dos bandas. Compañías como Philips o Sony están, por una parte, atizando en la cabeza a los usuarios de redes P2P, amenazándoles con llevarles ante los tribunales por apropiación ilícita de sus contenidos. Por otra, se están llenando los bolsillos con la venta de equipos (grabadoras de DVD, grabadoras de CD, reproductores MP3, discos duros, memorias, ...) y consumibles (DVDs, CDs, ...) a esos mismos usuarios. Equipos y consumibles que se utilizan, en muchas ocasiones, para grabar y almacenar los dichosos contenidos.

A todas luces se trata de una conducta censurable, mostrando un doble rasero ante un mismo comportamiento. Y este tipo de actitudes, tarde o temprano, pasarán factura a las compañías.

Todo esto viene a cuento porque Internet permite que personas con intereses comunes se conozcan y se comuniquen, intercambien ideas y opiniones, trabajen juntos, etc. En definitiva, la Red favorece la creación de comunidades en las que participa gente muy distinta (país, lengua, raza, cultura, religión, educación...) pero con algo que les une. A esto se une la creciente facilidad de uso y rapidez de Internet y el acceso a la misma de más y más gente cada día.

Además, observamos la reciente explosión del fenómeno blog en países como EE.UU., que supone, entre otras cosas, un canal de distribución para muchas informaciones hasta ahora condenadas al olvido en un panorama mediático tradicional, bien fuese por falta de interés para la generalidad de la audiencia del medio o por decisión editorial.

Como resultado tenemos comunidades /asociaciones surgidas o potenciadas por el desarrollo de Internet, cada vez más informadas y que aumentan en número y tamaño. Y, a medida que se consolidan, dejan de ser únicamente receptoras de información para convertirse en fuentes de la misma.

Algunas de estas asociaciones se convertirán, con el paso del tiempo (no mucho), en grupos de presión, erigiéndose en watchdogs de las empresas cuyos servicios utilizan. Y este creciente asociacionismo se irá convirtiendo, con el tiempo, en una espada de Damocles que caerá sobre aquellas empresas que no actúen con responsabilidad frente a clientes y sociedad. Pienso, así, que los smart mobs y las acciones de boicot de los consumidores serán cada vez más frecuentes. De hecho puede que algunas de ellas se realicen con el único propósito de hacer una demostración de fuerza, de ver qué pasa o, incluso, de perjudicar a alguien.

De cara al futuro las empresas* deberán hilar fino en la relación con sus clientes, cuidando su comunicación y el cumplimiento de sus promesas. Especialmente cuidadosas deberán ser las compañías multinacionales de gran consumo, presentes en distintos sectores y mercados geográficos, pero ninguna estará a salvo de que le saquen los colores o algo peor.


(*) Que tomen nota también los políticos. Donde se dice clientes o consumidores podríamos hablar de votantes.

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