20 de julio de 2005

Apología de la velocidad

Extraído del análisis del Honda Accord 2.4 de la edición del suplemento Marca Motor de hoy (no lo he encontrado online):
El bastidor es más bien rígido lo que contribuye a que las curvas más cerradas las podamos afrontar a ritmos elevadísimos con seguridad si lo deseamos. El único pero que se le puede poner en este tipo de terreno es el del ruido aerodinámico, que llega a ser realmente muy molesto a partir de 140 km/h. y casi insoportable si se pretende viajar aún más rápido.

[...]
En trazados rápidos, el Accord se muestra intratable, mantiene unos cruceros sin el más mínimo problema por encima de los 180 km/h. y permite realizar todo tipo de virajes con un aplomo más propio de un coche de carreras que de una berlina.
Ruidos molestos a partir de 140 km/h en un trazado de curvas cerradas; cruceros de 180 km/h; aplomo más propio de un coche de carreras. ¿Qué sentido tiene forzar a un coche de esta manera para después no poder pasar de 120 km/h? ¡En autopista! ¿Qué sentido tiene contarlo y contarlo así?

Hace una semana Seth Godin escribió un post (Seth's new car) sobre la oportunidad que, según él, tiene la industria del automóvil de crear vehículos destinados a jóvenes. No sé si su comentario es acertado, pero sí sé que no tiene sentido vender a la gente un coche hecho para correr (desde la industria y los medios de comunicación) y pedirle que no lo haga. Algo no funciona.

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