29 de diciembre de 2015

La revolución pendiente en el sector financiero


Hace unos días la FED decidió subir un 0,25% los tipos de interés, tras casi diez años sin hacerlo, y con los cinco últimos en niveles muy próximos a cero. Los responsables de esta subida consideran que la economía estadounidense se ha recuperado lo suficiente y que una subida de tipos no provocaría una contracción del crédito que pudiera poner en riesgo el crecimiento en dicho país.

Y hablando de crédito, hace un par de meses tuve ocasión de asistir a un encuentro en Madrid sobre el sector financiero organizado por Expansión y KPMG donde se habló de su situación actual y de la transformación del mismo. Los ponentes, todos de alto nivel (CEOs y Directores Generales de las principales entidades del país, reguladores, socios de KPMG…), pusieron de manifiesto que la coyuntura de bajos tipos de interés y regulación creciente supone un reto muy importante para las entidades bancarias. Para alguien como yo que no trabaja en banca la conferencia fue muy interesante y, sin embargo, eché en falta en los presentes un análisis de cómo la crisis, la tecnología y la demografía afectarían a su base de clientes y el consiguiente impacto en el mapa competitivo del sector a medio plazo. Lo que sigue es un intento de ordenar ideas sobre por dónde podrían ir los tiros en el negocio bancario en un futuro.

Nuevos clientes

La crisis a la que nos hemos enfrentado estos años ha destruido muchos empleos en España, trayendo consigo congelación de sueldos para algunos y salarios más bajos para los que han conseguido entrar en el mercado laboral desde entonces. Ahora estamos empezando a salir de la crisis vía productividad (menos personas con igual o menor sueldo realizando el mismo trabajo), lo que debe tener un efecto redistribuidor de la renta del trabajo hacia el capital. Este aumento de las rentas del capital a costa del trabajo afectaría directamente a la banca, ya que los perfiles de cliente trabajo y capital son muy diferentes, buscan productos distintos y requieren de políticas comerciales específicas.

Abundando en los salarios, su evolución a la baja altera el perfil de los trabajadores. La clase media pierde peso y las entidades financieras se enfrentarían ahora a un cliente menos rentable debido, entre otras razones, a que:
  • Tiene una menor capacidad de endeudamiento (suponiendo una ratio de apalancamiento máximo constante).
  • Destina un porcentaje más bajo de su renta al ahorro (menor capacidad de inversión).
  • Su apetito por el riesgo se ve disminuido (restringido además por la regulación).
  • Está interesado principalmente en el precio (lo que lo hace menos vinculable1).
Esta última característica, la búsqueda del mejor precio, se vería favorecida por dos factores: la mayor transparencia de tarifas dictada por la regulación2 y la tecnología3. Este tándem permitiría la aparición de plataformas de comparación de productos bancarios/financieros (como ya ocurre con los seguros), conduciéndonos hacia un escenario de competencia feroz entre entidades que hundiría sus márgenes, convirtiendo los productos bancarios básicos en commodities.

A lo anterior se suma un comentario de Luis de Guindos, presente en la conferencia, que avisó sobre la imposibilidad futura para las entidades de ofertar productos sofisticados a pequeños inversores particulares (ej.: preferentes). Ello redundaría en una reducción de la cartera de productos vendibles a estos clientes y en una mayor dificultad para colocar bonos y otros instrumentos de capital, que deberían asumir los institucionales y grandes inversores (para lo que exigirían mayores descuentos).

La demografía es otro factor a considerar, con tasas de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo generacional y aumento de la esperanza de vida de la población. En un mercado maduro como el español los clientes bancarios con mayores rentas del trabajo van camino de su jubilación, donde les espera una sensible merma en su poder adquisitivo. Detrás vienen las generaciones más jóvenes, con una larga vida activa por delante y menores salarios, que albergan serias dudas sobre la posibilidad de cobrar una pensión que además sería más baja por su menor cotización. ¿Resultado? Clase media en retroceso, deterioro de la calidad de los clientes actuales y clientes futuros menos atractivos. Estaría por ver el efecto en el precio de los activos inmobiliarios, importante depósito de riqueza de los particulares. A largo plazo, una población en contracción debería reducir el valor de los activos de no ajustarse el inventario.

Y nuevos competidores

Todo lo comentado impactaría en la rentabilidad de las entidades, trasladándose al precio de sus acciones vía expectativas. Y una bajada de las capitalizaciones abriría la puerta a adquisiciones por parte de competidores o incluso de nuevos players. Las empresas tecnológicas más importantes son candidatos claros (algunos en el sector ya las ven como amenaza real). Atesoran grandes excedentes de caja y están presentes en bolsa, con la consiguiente presión para buscar nuevas fuentes de negocio que generen rentabilidad creciente a sus accionistas. Algunas de estas compañías podrían estar interesadas en entrar a competir, ofreciendo directamente productos bancarios básicos commodities, o hacerlo mediante la adquisición de una entidad ya existente. Y puntos a favor no les faltan:
  • Se trata de organizaciones con una cultura en la que se premia la innovación y el emprendimiento interno.
  • Se han convertido en la nueva meca del talento, compitiendo con sectores como la banca de inversión y la consultoría por atraer a los candidatos más brillantes.
  • Son excelentes a nivel técnico, y particularmente buenas diseñando algoritmos y gestionando y analizando grandes bases de datos4.
  • Tienen millones de usuarios y clientes de sus servicios a los que ofrecer venta cruzada para aumentar su vinculación.
Otro elemento a favor de una irrupción del mundo de la tecnología en el sector es la tendencia a digitalizar5 las transacciones, con diversos factores empujando hacia un futuro sin dinero en metálico: comodidad y facilidad de uso, explotación de Big Data de transacciones, prevención del blanqueo, lucha contra la financiación del terrorismo, etc.

Por si esto fuera poco cada vez más clientes se decantan por los canales de banca a distancia, especialmente internet, en detrimento de la red de las sucursales. Esta preferencia resulta natural para los nuevos usuarios de banca, acostumbrados a realizar todo tipo de transacciones online, y abonaría el camino a competidores sin presencia física.

Ejemplos de cómo la tecnología propicia la aparición de nuevos agentes y competidores empiezan a abundar. A muchos ya los conocemos, pero muchos otros surgirán de improviso y adquirirán [no todos] notoriedad en poco tiempo. Alrededor de todo sector relevante de la economía hay mucho dinero [y talento] buscando cómo cambiar sus reglas de juego, y el sector financiero no es una excepción. ¿Por qué iba a serlo?
  • Medios de pago como Paypal.
  • Servicios como Apple PayGoogle Wallet, etc. de corporaciones muy potentes con fuerte vinculación con sus clientes/usuarios y que se están colocando entre estos y la banca y las principales compañías de medios de pago.
  • Plataformas de crowdfunding y crowdlending (todavía muy modestas). 
  • Incluso monedas virtuales como Bitcoin.
Todo lo dicho hasta ahora afectaría a las entidades financieras en su conjunto, si bien algunas están en desventaja:
  • Aquellas con mayor negocio de banca con particulares y otro tipo de clientes poco rentables para los que el traje a medida no sea una opción.
  • Las centradas en España, por falta de diversificación y perspectivas de país.
Las entidades que tienen ya la mayoría de su negocio fuera de España (BBVA, Santander), aunque seguramente disfrutan de un margen de mejora operativo en sus operaciones en el exterior importante y les puede favorecer su presencia en mercados emergentes, tampoco se pueden dormir. El cambio de la base de clientes no se limita a España y existe gran incertidumbre sobre la futura evolución de la economía.

En una economía que cambia

En este sentido, en los últimos años hay un gran debate entre los economistas sobre dos ideas:
  1. La existencia [o no] de un estancamiento generalizado debido a la ausencia de innovaciones tecnológicas de calado. Esta posición es defendida por economistas como Tyler Cowen, muy conocido en la Red por ser coautor del blog Marginal Revolution, que desarrolla su tesis en sus libros The Great Stagnation y Average is over.
  2. La sustitución de trabajo hombre por máquina fruto del crecimiento exponencial de la capacidad de computación. Los profesores del MIT Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee exploran esta idea en sus libros Race against the machine y The Second Machine Age. Entre otras predicciones los autores auguran el surgimiento de una clase de trabajadores estrella que capturan un parte muy importante de las rentas de un segmento a costa del resto (modelo ABBA o The Winner Takes It All).
Tanto una como otra idea llevarían a una redistribución de renta hacia el capital en línea con lo que apuntaba al principio, e incluso a una reducción del trabajo disponible para los más pesimistas6. En el lado positivo los niveles de pobreza en el mundo han caído en las últimas décadas y un nivel creciente de desigualdad en el reparto de renta en países desarrollados no sería preocupante si la mayor parte de la población disfruta de un buen nivel de vida.

Dónde está el valor

Volviendo al sector financiero, centrarse en particulares y otros pequeños clientes provocaría a medio plazo una reducción de tamaño de las entidades (de balance por la competencia y de capitalización por la baja rentabilidad). Y el tamaño, la mayoría coincidía en el encuentro, importa y mucho (el de balance, para convertirse en entidad sistémica con la protección que ello depara, y de capitalización para no ser engullido). El negocio minorista puede tener otras ventajas, como aportar reconocimiento de marca y notoriedad pública o servir de base para el balance, pero no ayudaría a la rentabilidad de no mediar cambios. La rentabilidad habría que buscarla en otros segmentos y no todas las entidades partirían con la misma ventaja en esta carrera. Hace unos días el Banco de España, en su Informe de Estabilidad Financiera de noviembre de 2015, advertía sobre el enfriamiento de las economías emergentes y la baja rentabilidad de las entidades españolas, recomendando a estas ajustar sus modelos de negocio.

Es cierto que la regulación creciente supone un gran desafío, pero es el mismo para todas las entidades. Su cumplimiento, siendo requisito necesario para competir, no basta para crear valor diferencial para los accionistas. Cuestión aparte es la coyuntura actual de intereses por los suelos, que deprime los márgenes. Algunas entidades intentarán aguantar esta travesía en el desierto a la espera de que los tipos suban, pero para cuando lo hagan su posición competitiva podría haberse deteriorado de forma determinante para sobrevivir. Los bancos que creen valor a largo plazo serían aquellos que sepan reorientar su modelo de negocio hacia segmentos de clientes rentables (vinculables, para los que el asesoramiento agrega valor…). Entrar en mercados con clientes bancarios menos sofisticados es un camino seguido por muchos, pero no exento de riesgos. Además, la globalización aumenta la velocidad de propagación de las innovaciones y la educación de los consumidores de productos financieros, por lo que algunos no llegarían a tiempo.

Concluyendo

Con seguridad muchas cosas se habrán quedado en el tintero, y algunas de las ideas apuntadas pueden ser discutibles. De lo que sí estoy convencido es de que el financiero no va a ser ajeno a la marea de cambios experimentada por otros sectores ante la explosión de las tecnologías de la información, particularmente internet. Y factores como la crisis (y sus consecuencias), la demografía y la transición hacia un modelo productivo que retribuya todavía más el capital no harán sino contribuir al cambio, particularmente en lo que se refiere a la banca de particulares y otros pequeños clientes. Dicho cambio afectaría al modelo de negocio y modificaría significativamente el mapa competitivo que algunos dan hoy por casi cerrado tras años de fusiones.

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[1] Todas las entidades presentes en el encuentro señalaron la vinculación del cliente como una pata de su estrategia. Es un movimiento que las beneficia (mayor rentabilidad del cliente vinculado) y defensivo a la vez (mayor coste de robar el cliente y mayores barreras de salida para este), pero el perfil de los clientes particulares se antoja ahora menos fiel.
[2] Una tendencia apuntada por José María Roldán (AEB) en su ponencia durante el encuentro.
[3] El uso de tecnología en banca ha pasado de ser una ventaja a un requisito imprescindible para competir y su generalización, a falta de innovaciones diferenciales, rebaja las barreras de entrada al sector.
[4] Google, con su economista jefe al mando Hal Varian, trabaja entre otras cosas en cómo hacer mejores predicciones económicas incorporando a los modelos econométricos información de búsquedas. ¿Podría Google realizar un ‘scoring’ más ajustado de un cliente bancario (presente o futuro)? ¿Cuánto valdría eso?
[5] La digitalización ha hecho desaparecer barreras de entrada y diluido fronteras entre sectores: industria musical, editorial, viajes, fotografía, electrónica de consumo, etc. Como resultado muchos gigantes de la antigua economía han desparecido o han perdido su posición de privilegio en su sector.
[6]   Otros creen que los beneficios de la aplicación de las tecnologías de la información e Internet no se han realizado todavía completamente, pero no está claro que el salto de productividad que depararían pueda producir crecimiento del empleo neto. En la recámara están otras tecnologías y avances que podrían darnos alegrías: biotecnología, nanotecnología, transporte eléctrico, fuentes de energía, mejoras en baterías…

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