25 de octubre de 2004

Buscándole un sentido a la SGAE

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Mucho se habla del futuro del negocio de la música: modelos de negocio alternativos, eliminación de intermediarios, redes de intercambio P2P, iTunes, Rhapsody, etc. Y sin embargo estamos dejando de lado algo que hace tiempo que está entre nosotros: el macarra (también conocido como Homo automovilis).

Con el macarra me refiero al individuo (normalmente hombre) que, a bordo de su Xsara, Ibiza o similar, versión full-equipe, maqueado y tuneado hasta la náusea, campa a sus anchas por vías urbanas, atronando a las multitudes con su equipo de música de tropecientos vatios y las ventanillas bajadas. Es decir, una suerte de pequeñas emisoras móviles de alcance limitado y programación temática (máquina, rumba, flamenco...) en abierto.

Y mientras nuestros oídos son bombardeados impunemente desde réplicas del coche fantástico la SGAE está en el limbo, exigiendo el pago de derechos de autor a las casetas de la Feria de Abril (vía Pensamientos Radicalmente Eclécticos).

Pues se me ocurre que podíamos animar a Teddy y sus chicos a acabar con esta lacra, pesadilla de la mayoría y bendición de otorrinos y fabricantes de aislantes. Creo yo que con un comunicado de prensa, una campaña institucional apropiada, un editorial en medios afines y un par de chavales utilizados como cabezas de turco quedaría el tema resuelto.

Ya sólo falta que alguien patente el sonido de los tubos de escape rectificados, que Teddy se encargará de que podamos pasear y dormir tranquilos. La SGAE, por fin, empieza a cobrar sentido para mí.

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